¿Cuál es su origen?

Parece ser que por las calles de Marsella deambulaban, en plena epidemia de peste de 1720, cuatro ladrones que sobrevivían saqueando las casas de los infectados y robando de los cadáveres de los apestados las cosas de valor que pudieran contener. No tardaron en llamar la atención de las autoridades, quienes les habían dejado actuar las primeras veces sabiendo que con una dedicación tan suicida no iban a resultar un problema. Sin embargo, para asombro de la jurisdicción de la ciudad, continuaron durante algún tiempo y no cesaron en su actividad, lo que vino a suponer su definitiva captura ante la sospecha de que utilizaban algún repulsivo o remedio contra la enfermedad. Una vez encarcelados,  fueron conminados a explicar cómo era que estando toda la población bajo el azote de la peste y siendo diezmada por la epidemia, ellos pudieran, sin aparente problema ni contagio, estar en contacto continuo con los muertos y no contraer la enfermedad. Ante la posible amenaza de ser acusados de brujería o de actos impuros, revelaron su secreto: se ungían el cuerpo con un brebaje que uno de ellos había aprendido a preparar. Esta pócima, conocida desde entonces como el “Vinagre de los cuatro ladrones” consistía en el macerado en vinagre blanco de alta graduación de cuatro hierbas: la salvia, el romero, el espliego y el tomillo.