A vueltas sobre la necesidad de la regulación en España de algunas disciplinas del sector sanitario – utilizo”sector sanitario” sensu estricto y en sentido general, como muestra la realidad de otros países que no son el nuestro -, un colega de profesión me pidió que escribiera unas líneas al respecto. Haciendo caso a esta petición específica, vamos a referirnos hoy al caso concreto de la Osteopatía.

Actualmente, muchos son los profesionales que se dedican a la práctica de esta disciplina, desde médicos hasta masajistas, pasando por fisioterapeutas, podólogos, incluso odontólogos. Ahora bien, la formación que de esta ciencia se ofrece en España, ¿es suficiente?. La realidad es que la mayor parte de los practicantes no acaban de alcanzar una formación de alto nivel debido, precisamente, a la falta de regulación que existe sobre el tema en este país. Ni siquiera aquellos que intentan apropiársela para sí desde disciplinas tan lejanas a la osteopatía como la fisioterapia.

Los parámetros para la formación en Osteopatía, publicados por la Organización Mundial de la Salud como puntos de referencia para la formación en Medicina Tradicional, destaca cinco modelos fundamentales de las relaciones estructura-función que forman parte del diagnóstico y tratamiento del osteópata:

  • Modelo estructura-función biomecánico
  • Modelo estructura-función respiratorio-circulatorio
  • Modelo estructura función neurológico
  • Modelo estructura función bio-psico-social
  • Modelo estructura-función bio-energético

Es evidente que la formación del osteópata debe partir desde estas bases, de manera que se alcancen unos profundos conocimientos de estos cinco modelos estructura-función para poderlos combinar correctamente a la hora de establecer un diagnóstico diferencial para cada paciente. Cada uno de estos modelos debería requerir una importante instrucción en ciencias médicas básicas con un relevante hincapié en la fisiología de los sistemas estructura-función citados y sus relaciones. El esquema de la OMS establece seis categorías básicas en toda formación osteopática de alto nivel:

  • Ciencias básicas, necesarias para el conocimiento de los aspectos científicos más avanzados de la formación osteopática
  • Ciencias clínicas, que incluiría fisiopatología de los diferentes sistemas, ortopedia básica, radiología básica, nutrición y atención básica de emergencia
  • Ciencia osteopática
  • Habilidades prácticas clínicas
  • Aptitudes osteopáticas
  • Práctica clínica osteopática supervisada

Las características diferenciales de la osteopatía como disciplina sanitaria, sus principios, el protocolo diagnósico y el tratamiento, la convierten en una ciencia por derecho propio con unos rasgos distintivos que no permiten incluirla dentro de cualquier otra formación sanitaria, por cuanto su enfoque es distinto al de otras especialidades, ya que se basa en la facilitación de los mecanismos normales de autorregulación del cuerpo eliminando aquellos trastornos que puedan impedir los mecanismos neurales, vasculares y bioquímicos normales.

Por estas razones la Organización Mundial de la Salud aborda la problemática de la formación osteopática partiendo, fundamentalmente, de la consideración de la Osteopatía como una disciplina de carácter médico-sanitario, en la que existen una serie de especificidades que deben ser resueltas mediante una técnica propia que descansa en unos principios concretos. Teniendo esto en cuenta elabora para el profesional osteópata las siguientes competencias:

  1. Una base sólida en la historia de la osteopatía, la filosofía y el enfoque para el cuidado de la salud.
  2. Una comprensión de las ciencias básicas dentro del contexto de la filosofía de la osteopatía y los cinco modelos de estructura-función. Concretamente, esto debería incluir el rol neurológico, vascular, linfático y los factores biomecánicos; todos ellos permiten mantener la bioquímica y las funciones celulares y sistémicas normales y adaptativas, en los estados de salud y enfermedad.
  3. La capacidad para formar un diagnóstico diferencial adecuado y un plan de tratamiento.
  4. Una comprensión de los mecanismos de acción de las intervenciones manuales terapéuticas y la respuesta bioquímica, celular y sistémica a la terapia.
  5. La capacidad para valorar la literatura médica y científica de manera crítica e incorporar la información relevante dentro de la práctica clínica.
  6. Competencia en las habilidades palpatorias y clínicas necesarias para diagnosticar disfunción en los sistemas mencionados y en los tejidos del cuerpo, poniendo énfasis en el diagnóstico osteopático.
  7. Competencia en una amplia gama de habilidades de la TMO.
  8. Habilidad en el examen físico y en la interpretación de pruebas y datos relevantes, incluyendo diagnóstico por imagen y resultados de laboratorio.
  9. Comprender la biomecánica del cuerpo humano, incluyendo, pero no limitándose, al sistema articular, fascial, muscular y fluídico de las extremidades, columna vertebral, cabeza, pelvis, abdomen y torso.
  10. Experiencia en el diagnóstico y la TMO de los trastornos neuro-músculo-esqueléticos.
  11. Profundo conocimiento de las indicaciones y contraindicaciones del tratamiento osteopático.
  12. Conocimiento básico de las técnicas que se usan habitualmente en la medicina tradicional y las medicinas complementarias/alternativas.

Estas competencias se habrían de adquirir según estos parámetros, al que todos los centros deberían acogerse, después de 4200 horas de formación, mínimo que los profesionales consideran suficiente para adquirir un dominio adecuado de la osteopatía para poder ejercer. Es así que la Organización Mundial de la Salud plantea dos tipos de programas de formación:

  • Tipo I: dirigidos a aquellos con poca o ninguna formación sanitaria, pero que han completado la educación secundaria o equivalente. Que incluye un programa de formación de 4200 horas más tesis o proyecto. Lo cual equivaldría a una alternativa universitaria como ocurre en países como Francia o el Reino Unido.
  • Tipo II: dirigidos a personas con formación previa sanitaria y que podría contener un total de entre 1000 y 1500 horas de formación. En este caso sería equivalente a una especialidad sanitaria.

La importancia de que los centros de formación en osteopatía regulen cuanto antes sus currículos atendiendo a estas especificaciones es de suma importancia para empezar un camino hacia el entendimiento en materia de competencias, a la espera de que sean las autoridades educativas y sociales las que den el paso hacia la incorporación de las directivas europeas en materia de regulación de distintas disciplinas sanitarias como la osteopatía, la naturopatía o la acupuntura. Una buena formación del profesional osteópata desde este punto de vista, elimina de raíz las falsas acusaciones hacia osteópatas realmente preparados con el argumento de la falta de formación.

Este es el esquema que plantea, por ejemplo, el Instituto Internacional de Osteopatía Avanzada con estos Planes de Estudios de Tipo 1  y Tipo 2. Los planes de estudios así diseñados, atendiendo a las recomendaciones europeas, permiten a los prefesionales adquirir la formación requerida equivalente al Diplomado en Osteopatía y el Doctor en Osteopatía (D.O.), existentes en los países en los que la Osteopatía se reconoce académicamente de forma oficial. Esta consideración permite a los así diplomados la seguridad de su reconocimiento como osteópatas en el caso de una supuesta regulación de la situación en nuestro país. Algo que no ocurriría en los diplomados en aquellos centros que no cumplen estos requisitos de formación. Lamentablemente, el ejemplo del IOA, no obstante, no es el habitual.

Otro de los temas surgidos a colación fue el de las competencias profesionales actuales en materia de Osteopatía. La cosa está poco clara. En principio el único competenciado para esta labor sería aquel que ha seguido estos criterios generales de formación (cada escuela puede organizar la adquisición de las competencias a través del currículo que crea conveniente). El argumento de ser profesional sanitario no vale, debe primar antes la formación en osteopatia. La megalomanía de la fisioterapia por atribuirse competencias únicas es un sinsentido, debido a que los principios generales de ambas disciplinas difieren en lo fundamental. Además, si el único argumento en su favor es ser una disciplina sanitaria, tampoco les daria más derecho que a los médicos, podólogos, o psicólogos. Las competencias para la práctica deben descansar sobre postulados más profundos que una simple denominación.