El Tao es la única religión auténticamente china, ya que el budismo fue importado de l India y otros países, y el confucianismo es una filosofía o escuela de pensamiento. Dejando a una parte detalles sobre su fundación por Lao Zi y el Dao De Jing, empecemos haciendo una breve aproximación a la naturaleza del Tao.

En una primera aproximación para un lego en la materia, la naturaleza del Tao puede parecer un tanto insustancial. En una primera lectura es una especie de principio creador origen de todo que gestiona el orden en el cambio; la Consciencia Universal, una especie de Demiurgo. Si

Tao

Ideograma de Tao

nos adentramos más en el término, poco a poco, el concepto se nos vuelve más denso, menos trabajable. Lao Zi nos recuerda que no se puede llegar a conocer qué es el Tao con la razón. Sin embargo, encontramos alguna definición en obras clásicas y, así, en el Hi ts’eu, citado por Marcel Granet en su obra La penseé chinoise, se da una de las definiciones eruditas más antiguas del Tao: “un Yin, un Yang, eso es el Tao“. A pesar de la negación acerca de su conocimiento por la razón, Lao Zi da a “a un ser indiferenciado y perfecto, nacido antes que el Cielo y la Tierra” el nombre de Tao. “Podemos considerarlo – continúa – Madre del Mundo, pero ignoro su nombre; lo llamaré Tao, y fuese necesario darle un nombre sería el Inmenso (ta)”

Sin embargo, según el Huai Nan Zi, el “ser indiferenciado y perfecto” de Lao Zi se interpreta como “la misteriosa unidad del Cielo y la Tierra que constituye de una manera la condición de bloque de piedra sin trabajar“, es decir, el Caos que encontramos en otras cosmogonías.

Para Confucio, no obstante, el Tao no es Origen ni Causa de nada, sino que existe “por decreto del Cielo“, reconociendo así la preeminencia de éste sobre aquél.

Según esto, parece, y así lo cree Mircea Elíade en Histoire des croyance et des ideés religieuses, reforzando la primera línea del Dao De Jing, donde se dice “un Tao del que se puede hablar no es el Tao permanente (tch’ang dao)“, que realmente el Tao del que habla Lao Zi, el Tao del taoísmo, no es el Tch’ang Dao. Para Elíade existen dos tipos de Tao, y es una suerte de Tao segundo, o aspecto externo del Tao el que responde al modelo de integración de los contrarios de la filosofía taoísta. El otro, el permanente o supremo, es inalcanzable, trasciende las modalidades del ser y es inaccesible al conocimiento. Lo que Mircea Elíade denomina Tao segundo parece ser aquella Madre del Mundo de Lao Zi que genera al Uno.

Llegado a este punto, entiendo que hay tres interpretaciones del Tao:

  1. El Tao como Demiurgo o Principio Creador
  2. El Tao como Caos
  3. Tao como circuito cósmico

Hasta aquí vamos definiendo algunas de las caras del concepto. Lo que parece más confuso es la conjugación del Tao como realidad última, misteriosa e inasequible, fons et origo de toda Creación, con el Tao como realidad última del que hablan los filósofos, teniendo en cuenta que ni Lao Zi ni Tchuang Tzu tratan de demostrar su existencia.

Atendiendo a la filosofía taoísta posterior y, más concretamente al corpus teórico de la medicina china, parece evidente que es la tercera interpretación la que más nos interesa para nuestra disciplina.

Zhuang Zi dice:

No hay movimiento (de las cosas) po el cual no se modifiquen, no hay momento en que cesen de cambiar. Las cosas existen bajo diferentes especies (Chung). Su comienzo y término es como un círculo, en el cual ningún punto constituye el comienzo. Ésto se llama la Evolución de la Naturaleza (t’ien chûn). La Evolución de la Naturaleza es el Límite de la Naturaleza (t’ien i)

El Tao se presenta aquí como fuerza motriz de la Naturaleza, parecida a la Vix Medicatrix Naturae. Cuando se es capaz de cultivar el Tao y preservar su salud para desarrollar su esencia y consolidar su cuerpo se obtiene la longevidad. El principio básico consiste en “nutrir la fuerza vital” (yang-hsing). Dado que existe una correspondencia perfecta entre el macrocosmos y el cuerpo humano, las fuerzas vitales penetran y salen por los nueve orificios del cuerpo, es importante por ello vigilarlas cuidadosamente.

El taoísmo enseña la firme creencia de que el ser humano es capaz de superar los riesgos naturales y permitir a su vida crecer de lo débil a lo fuerte y de la muerte a la vida, y finalmente, llegar a ser inmortal a través del cultivo de la salud. Se opone a la actitud de no-acción o a la apatía hacia la muerte. Admite que “hay vida, por lo que es necesaria la muerte”, pero considera que esto es un resultado del curso de la evolución natural. Sin embargo, como un curso de la evolución puede ser revertido. Es así que la muerte se puede evitar a través de la propia iniciativa. El fin último del taoísmo fue, durante años, la inmortalidad del cuerpo físico.